Baltazar

23622504_10156066261139574_404333823133504171_nNegro azabache, con toques blancos -la edad no perdona- mirada juguetona y hocico profundo y curioso, a sus casi ocho años y novecientas anécdotas Baltazar es todavía un cachorrillo de labrador retriever. Habemus perro de escudería, sí. Y de talla mini: el pobre se estabilizó a los tres años y decidió no crecer más para concentrarse hábilmente en aquellos hábitos que le dan la vida cada día: el hurto de calcetines -masculinos- y el posterior amago de los mismos con la habilidad de un asesino en serie ocultando sus víctima; ladrar a cualquier otro can al que podamos mirar a la calle, lanzándose a degüello para echar en cara su presencia en la calle -por lo visto, las calles son de Baltazar- aunque luego se distraiga derrochando testosterona en la primera farola o contenedor descuidado que tenga al alcance de su capacidad miccionadora. Continuar leyendo “Baltazar”

Équidos

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Hay quien sueña ser noble, tener carruaje y  gobernar el trote. Pocos recuerdan que los caballos viejos nunca aprenderán nuevos trotes… y un jinete sólo puede estar orgulloso cuando su équido adora el trabajo.

Fotografías de Gotthard Schuh (1987 – 1969)

Cigüeñas

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Tengo la certeza de que después de tanto ir y venir nos ocultan algo. Como si en el horizonte vieran un atisbo, un mal presagio que van compartiendo con todos menos con nosotros.
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El claqueo de sus picos entre la niebla cayendo amargamente de fondo. Llegó la primavera y no sé qué transporta de bueno en éste momento.

Elefante

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Red social andante, capaz de reconocer de manera concreta más de cien voces en un corto espacio de tiempo. Su cerebro es un procesador de recuerdos -aquello tan manido sobre su excelente memoria- una historia de vida que permite recordar cualquier ínfimo detalle de manera correcta. Extremadamente sensible y respetuoso con los de su especie: hay una leyenda africana que comenta que cuando éstos encuentran con restos de otros elefantes parecen rendir un homenaje póstumo, acariciándolos con delicadeza con su trompa y pezuñas. Todo lo contrario sucede con los de otras especies, principalmente ante sus depredadores, donde permanecen imperturbables. Por eso la indiferencia es el peor de los desprecios. Por eso lo de la memoria del elefante -aquello tan manido, repito-.

Krampus

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Repica su cadena en los adoquines, rompiendo el silencio. Sus zarpas acarician las paredes de las casas, rasgando sus uñas las piedras de sus muros… una chaquetilla de piel esconde su pelaje: el vello de su cuello saliendo por el pecho de la misma. En sus ojos inyectados de rabia un altivo sentimiento de justicia culminando en su cornamenta…

Un grito potente emerge de su cuello cavernoso al ver al niño escondido entre las persianas del balcón; si lo alcanza no habrá Navidad para él. Luego no quedará nada, ni siquiera las postrimerías de la inocencia…

(Los Krampus son criaturas precristianas originarias de los países alpinos -principalmente Austria y Suiza- encargadas de castigar a aquellos niños que no se han portado correctamente durante todo el año, siendo el contrapunto a San Nicolás, al premiar éste a los niños que se portan bien. Suelen verse entre el cinco de diciembre y el día de Navidad)

Pantera

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Pantera: con aquella seguridad adquirida con la experiencia, la pantera no se inmuta porque su presa sienta su presencia. Sus armas -gran zancada, mirada intimidatoria, potentes colmillos, piel disuasoria- son suficientes argumentos para que cualquier criatura en la selva entienda que ante ella nunca existirá una segunda oportunidad.