Un poema de Raúl Quinto

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[lo bueno del confinavirus, de lo mejor de las vacaciones de verano. es el tiempo que puedo invertir en leer. Me aparto del carvalhismo o barbarie reinante en el estío -el calor, la humedad, un porrón de champú- y entro en una poesía igualmente soberbia como la de R.Q (añadan aquí calores, explicaciones, por qués y el dolor). Leer ahora: crear en invierno…]

VII
La mariposa está dentro de ti,
un doble corazón
deformando tu piel. Ya no estás solo.
Ya no estás sola. Los ocelos
de las alas son ojos
escritos dentro de tus ojos.

Ya es de noche en el centro de la luz.
Algo. Alguien. La casa
entera como un órgano palpitante,
respirando, diciendo: tú, vosotros,

ellos. Toda esa química,

todo ese frío.

Pulsa el interruptor.
No hay nada ya que ver aquí.

[poema extraído de Talidomida, dentro del poemario La lengua rota (La Bella Varsovia, 2019) de Raúl Quinto (1978 – act.)

 

Juanma y los 37

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No es la mejor foto que tenemos juntos pero no podrá negarme la necesidad de actualizar la foto de felicitación por su aniversario: aquella de La Isla está demasiado utilizada, exprimida. Suerte de Leo y su rapidez de reflejos. La meta de la Font Màgica maquilla la cara forzada al estar a contraluz en ese domingo que nos diluvió viendo el final de La Volta.

el todo que muerde los insomnios más imperecederos con la fiebre.

frágil soy: ahora odio la coquetería de los tiempos inocentes

nadie sabe poner letras sobre la vida desparramada en una habitación clínica.

Ya ves que no sé felicitarte de otra manera, hermano.

 

Joana y Mail Art

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He revisado las cajas con postales y concluyo que fui un niño con suerte: pude viajar por todo el mundo sin salir de casa. Joana -la padrina– siempre enviaba postales escritas desde aquellos lugares donde estaban de paso, por motivos de trabajo u ocio. De Joana -media vida conmigo, de 1990 a 2005- conservo más de dos álbumes de postales enviadas desde Australia hasta Noruega; de Brasil hasta China. Una vuelta al mundo desde mi habitación. A la vez, hubo una época donde coleccioné cualquier flyer, postal promocional o collage que ofrecían en cualquier garito, etc. Esa déria postalera es ahora mi mejor recuerdo y una de mis pocas riquezas materiales.

Me ha llegado el tiempo de dar una vuelta de tuerca y experimentar. No sé qué resultará, ni a quién enviar… pero quiero probar. Dispongo de material y ahora de tiempo. No sé a dónde llegará aquello que envíe -acepto solicitudes- pero sé que alguien estará esperando. Joana quizá estaría encantada.

‘Huir’ visto por Gemma Rabaneda

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Alegrías. Ayer Gemma Rabaneda publicó una completa reseña/crítica de Huir en la web de Poémame. Gemma es una poeta soberbia -en los dos idiomas- y una lectora voraz: por eso cuando leí el artículo no pude más que estar agradecido y algo abrumado: no estoy acostumbrado a leer cosas buenas de lo que publico. De hecho hay poco escrito sobre lo que escribo. Podéis leer la crítica clicando aquí.

Y entrando aquí podéis adquirir el poemario en la web de Lastura. Más fácil imposible.

Los primeros cien días

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Cien días en la jaula de cristal, sí. Afortunados somos quienes podemos teletrabajar desde casa previo cobro de la nula conciliación familiar y las preocupaciones permanentes. Cien días bastan para hacer balance de daños remediables -dejemos a las víctimas en la paz de sus queridos, que la mayoría bastante pan duro tendremos que tragar- que lamentablemente se han hecho irremediables gracias a la nula capacidad del estado de valorar la cultura, y la literatura, como algo de segunda. Porque la cultura es  en este país algo de tercera categoría: cuando vienen malas son la primera tela que hay que cortar y la última que se sutura cuando el viento sopla fuerte en las velas. En cien días han caído editoriales, festivales, encuentros, lecturas y demás actos relevantes al mundo del libro. A lo largo de cien días escritores han practicado -con acierto algunos, con burrería otros- producciones del confinamiento, diarios de guerrilla a modo de frente inmunológico capaces de producir anticuerpos y plaquetas o bien todo lo contrario. Porque hoy sale a la venta y Jordi Doce sabe, domina y enriquece, destaco La vida en suspenso (Fórcola), las cuales hemos podido seguir en las redes sociales las últimas semanas. Otros han tenido la suerte de leer y producir durante estos cien días -lo reconozco: he sido mal lector, peor escritor y agobiante trabajador-. Ha salido de imprenta Porque Olvido. Diario 2005 -2019 (ERE), una selección de artículos y entradas de Álvaro Valverde, uno de los máximos exponentes de la crítica y poesía extremeña y española actual (es así). Habrá que hincar el diente cuando llegue el momento: el verano es época de novela negra: Carvalhadas. Continuar leyendo “Los primeros cien días”

Barcelona, 1989

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[la Barcelona que leo, la ciudad que me hubiera gustado conocer: con sus riesgos, encantos, virtudes y las navajas saliendo al paso sin saber qué podría llegar de nuevo]

“(…) Sobre las arenas populistas de la playa de la Barceloneta tomaban el sol de septiembre cuerpos bronceados con la ayuda de la contaminación atmosférica. Por los ojos interiores de la memoria le pasaron dos imágenes desvaídas de su infancia en aquella playa, y estuvo a punto de enternecerse, pero el olor de aceite refreidor de cabezas de gambas descongeladas era mal agente conductor de la ternura por la propia memoria y en el espacio, a la espera de la prolongación que le haría ensartar la Villa Olímpica. A lo lejos, las casas derruidas para la construcción de la ciudad de los atletas fingían ser decorado de una película sobre el bombardeo de Dresde o de cualquier otra ciudad suficientemente bombardeada. Aquella nueva ciudad ya casi no sería la suya, encerrada en una coordenada elemental que no tenía más norte que el Tibidabo, ni más sur que el mar y la Barceloneta. El taxi le dejó en las Ramblas , a los pies del monumento a Pitarra, en la plaza del Arc del Teatre. Las jóvenes putas disfrazadas de putas jovencísimas permanecían alineadas en la acera del Amaya y del palacio Marc dedicado a la Conselleria de Cultura de la Generalitat de Catalunya. Enfrente, la iglesia de Santa Mónica evidenciaba la cirugía estética que la convertiría en Museo de Arte Contemporáneo de Cataluña, y a sus espaldas, la piqueta se cernía sobre el barrio del Raval para abrir caminos por los que se fueran los malos olores de la droga y el sida., la inmigración magrebí y negra. Mientras haya putas jóvenes, habrá arte contemporáneo, se dijo, y fue para él la prueba de que había alcanzado el grado deseado de surrealismo etílico (…)”.

El delantero centro fue asesinado al atardecer
Manuel Vázquez Montalbán

El lunes, encuentro con AUPEX

95944365_10221795247486964_54320650415767552_nDentro de la falsa normalidad que nos viene encima está la necesidad de modificar encuentros, presentaciones, lecturas… transformándolos a un entorno accesible para la mayoría (en principio). Es por ello que pasado mañana, lunes, a las 19:00 realizaré un encuentro digital, presentando Huir, leyendo algunos poemas del libro y hablando un poquito sobre confinamiento, lecturas, procesos de creación. Hay alguna sorpresa preparada, así que…

Estos encuentros con con escritores están gestionados por la AUPEX y la AEEX (mil gracias por la iniciativa).. Se han realizado otros con poetas como José Antonio Zambrano o Irene Sánchez Carrón. El lunes, mi turno.

Link al encuentro: https://meet.jit.si/LaUniversidadPopularNoPara

El punto y final

29 de enero D

De jóvenes nos delatan nuestra aficiones y de mayor, las costumbres. A los ocho años en el ultramarino cuando entrábamos en la sección de especias y condimentos, imaginaba estar en un zoco. Vivía fabulando cual mercader, observando las coloridas latas de pimentón, las cajitas de azafrán, las bolsitas de hierbas provenzales que poblaban el mostrador, al lado de la guillotina de cortar el bacalao. Mi vuelta al mundo particular caía a plomo cuando veía que mi madre pedía dos sopas de sobre para llevar, esfumando cualquier posibilidad de nuevos aromas, sabores. A los veintipocos, en una brasería en los confines de la ciudad donde dábamos cuenta de espetadas, entrañas, secretos, abanicos, costillas y cerveza recuperando fuerzas tras trabajar en el campo: los, calabacines y melones, las sandías y los tomates de rama que nutren postres, gazpachos y ensaladas no se recogen solos. Comíamos aquellas noches como vivíamos por las mañanas: con avidez y el deseo de acabar, con un horizonte de playa en septiembre, discutiendo si iríamos a Benidorm o Islantilla mientras apurábamos un café con hielo. Discusiones que quedaban en nada, eran breves como el susto de canela del arroz con leche que comíamos de postre. De mayor en mi Seat Málaga practico el ajuste de cuentas, el balance de beneficios y debes. desequilibrado por el montón de pagarés residentes en el asiento derecho, al lado del teléfono del teléfono del trabajo de Charo, impreso en una caja de cerillas. Conduzco por la carretera que me lleva a la Siberia con Rosa Morena a todo trapo. En la guantera llevo todavía el revólver cargado -lo que pude haber sido y no quise-. El codo izquierdo saliendo por la ventana. La camisa abierta, el paquete de Ducados en su bolsillo. En el horizonte, peinando una loma, el toro de Osborne vigilante: nunca ha visto más mundo que los automóviles y motocicletas que lo vadeaban. En algo nos parecemos, digo yo. No existe otro lugar que refleje lo que he sido pueda ser el mejor final de mi viaje.

Recomenzar (por decimoquinta vez)

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[escribir en el aquí es volver dar corriente al guadiana en que se han convertido los textos que aquí albergo. Diario de dolores y lecturas. Valente inaugura…]

NOSOTROS no tenemos tiempo para recordar, como los que nos antecedieron, los biombos de tela, el frescor estival de un decorado de fotografía antigua, el niño con su larga onda artificial sobre la frente, como pudieron recordar los que antes vinieron en largas barcas de cartón pintado, bañadores a rayas y se fotografiaron a su tiempo debido, pero no nosotros ya sin espacio casi o ni siquiera lugar alguno al que volver el rostro para quedar al fin como estatuas de sal, pero seguir quedando, en dónde, muertos, vagamente, sin precisa memoria.

[poema extraído de No amanece el cantor (pag. 56, Tusquets, 1992) de José Ángel Valente (1929 – 2000)]

Un (no) diario de confinamiento

Hace tres semanas decliné de manera oficial -es decir, para mí, internamente: en el blog no hay nada al respecto- realizar un diario de confinamiento. Sigo un par, tres: el de Avelino Fierro, el de Jordi Doce. Creo que Tomás Sánchez Santiago anda por ahí con el suyo. Intento leer y poner distancia. En situaciones excepcionales medidas excepcionales. Seguramente hace dos o tres años me habría de tirado de cabeza para realizar un diario debido a las experiencias previas en Irlanda, Portugal o la Garrotxa, pero aquí se juega con desventaja: mucha gente haciendo lo mismo y con mayor o menos atino satura a los lectores y a uno, a la mínima que sea inquieto, le vuelve un tanto nervioso: qué me he dejado en el tintero, qué podría haber escrito más. Por qué tantos aplausos y tan pocas caceroladas en según qué ciudades del estado. Supongo que me entenderéis.

A lo largo de las casi tres semanas que llevo encerrado me he visto en situaciones de todos los colores. Por circunstancias me he vuelto durante diversos momentos del día una persona helada, fría como un manantial alpino. Distante para muchos, si cabe. Supongo que no he llegado a ser desagradable, pero me he guardado el miedo y la incertidumbre para mí: me he convertido en un dique para según qué sentimientos.

No tengo nada que ofrecer. Nada nuevo que ofrecer por mucho que haya revisado un libro que había acabado en febrero: El año de la muerte de Bruno Ganz. Ya apuntalado y en la cámara de depósito, nada más. Escribir es complicado si no sé distinguir los brotes verdes.